miércoles, 30 de julio de 2008

Calor + calor

Seguimos con las vacaciones estivales, cada día hace más calor, y nos refrescamos remojándonos en la playa o la piscina. De vez en cuando nos reconciliamos con alguna labor, pero poquito. No apetece estar dentro de casa, y fuera es imposible mantener la aguja entre las manos.
Pero no estamos panza arriba todo el tiempo…
Repartimos el tiempo entre los quehaceres de la casa, leer, estudiar o repasar libros de labores, probar o diseñar alguna cosita, y disfrutar de la familia, sobre todo de la que viene en verano , que es la única ocasión en todo el año que la podemos ver.

En alguna ocasión sucumbimos a la provocación de los niños a sus juegos, o escuchamos con atención (como les gusta a ellos) sus historias pasadas o futuras. Imaginación no les falta. Tanta, que la niña que tiene diez años y va camino de la adolescencia a toda prisa, a Viges y a mí, mientras tomábamos el sol en la playa, nos esculpió el cuerpo de tal manera que nos dejo tal cual la Claudia chiffer, todo, claro está, de forma imaginaria, quitando de aquí.. poniendo allá… etc. etc. Le agradecimos las buenas intenciones, argumentando a la vez (un buen rollo para ella) la diferencia que hay entre tener dieciocho…veinte… o haber pasado los cincuenta…
¡Nada! ¡Nada! contestó la niña, vosotras lo que tenéis que hacer es, no tomar café con bollos, todas las tardes.
¡Pues sí mi niña! Ahora cuando venga tu madre, que le gusta tanto como a nosotras haremos el doble. Total la figura de los veinte años no la volveremos a tener, y medir uno cincuenta y pesar cincuenta y dos kilos, no es mucho ¿no?.
Claro que ella tiene diez años mide uno cincuenta tres, y pesa treinta y cinco.
Cuando tenga dieciocho años la tendremos que atar!

Chocolate con nueces, uno de los excesos del verano.


Mari Calzada

domingo, 13 de julio de 2008

Una tarde de verano

Tenía la máquina en la mano y no me pude aguantar.

Este era el panorama de la tarde del sábado, después de una mañana playera. A esas horas de la tarde, en esta parte de la casa, es la terraza donde más fresquito hace, y Viges improvisa taller en cuanto tenga una idea que le pase por la cabeza. Apenas son dos horitas mientras los niños meriendan y corretean un rato, después reclaman el paseo de la tarde y jugar un ratito en el parque.

Había que sacar unos flecos de macramé para una toalla que, Agustina se llevó a Salamanca empezada el verano pasado con unas vainicas. Trajo la muestra con el dibujo que había que hacer y, ahí están las tres, atentas a los movimientos que Emilia hace a los hilos, pues es ella la que mas labores ha hecho de esto.
Las tres salieron con la lección aprendida. Menos yo, no cabían tantos ojos mirando el mismo punto, me dedique a hacer fotos y controlar niños, este día había tres, pero parecía que había ocho.
Una vez sacada la muestra, Viges empieza el fleco en la toalla.

Mari.

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