miércoles, 9 de julio de 2014

Mantel para altar de Lagartera.

Por fin después de muchas horas de idear como le daría forma a este trabajo hemos llegado a su fin. Y digo hemos, porque las vainicas han sido a cargo de Viges que es más su especialidad.
Generalmente hacemos trabajos que si no fuera por el blog, se nos olvidaría de que han formado parte de nuestras labores, porque al final han sido muchas las que han pasado por nuestras manos. Otras, como es este caso, será difícil de olvidarlas, porque el resultado y todo lo que hay detrás han marcado de forma especial el tiempo empleado y al final el resultado, que es lo más importante. Este ha cumplido con creces nuestras expectativas.
Cuando termino un trabajo, siempre se viene a mi memoria las palabras que solía decir mi hermana Fermi; “No hay mayor satisfacción que ver un trabajo terminado y bien hecho”. Esto se lo marcaba a fuego en su cabeza para olvidar los malos ratos que en ocasiones pasaba para sacar ciertos bordados adelante, con menos herramientas de las que yo tengo, y conseguía que fueran espectaculares.
Pues bien, con este bordado y el anterior que he hecho para un encargo que me hizo Isabel Gil, a mi me está pasando lo que a mi hermana. Pocas veces estoy satisfecha al cien por cien del resultado final, pero en esta ocasión lo estoy plenamente, a pesar de que la responsabilidad de trabajar para otros me pone a un nivel de exigencia por el que normalmente no quiero pasar. Siempre tengo la sensación de no poder estar a la altura. He sufrido y disfrutado a la vez. He sufrido porque, cada paso por mínimo que fuera, lo he calibrado al máximo, temiendo que si me equivocaba en un bordado continuo como éste,  daría al traste con todo. He disfrutado porque, las dificultades en las labores son niveles a superar y  me animan a seguir y a sobrepasarlas, supongo que es ese juego que da la adrenalina y que te ayuda superar dificultades.
Todas las que nos dedicamos a esto  por placer, sabemos que cuando estamos admirando una labor, hay mucho detrás. Horas de trabajo llenas de dudas, planificando elegir dibujos, digitalizaciones, pelearte con los colores, las telas…)  es la antesala a plasmar toda la idea definitivamente en la tela. Todo esto es un placer que saboreas cada segundo, si es para tí. Cuando no es así, es un sabor agridulce, por temor a que lo que estás haciendo no sea del todo del agrado  de quien lo va a recibir.
En este caso tengo que decir que ha sido un placer hacer este trabajo para  Isabel, ha sido correctísima y comprensiva en todo momento. Sabe como es el tema de los bordados y me ha dado margen para trabajar con tranquilidad, y  confianza, para darme a entender que lo que yo hiciera le gustaría. 
Isabel, me ha encantado tratar contigo y espero que tengamos más oportunidades.
Dicho esto, ya sé que me he alargado, es la primera vez que me cuesta desprenderme de una labor. Supongo que es el mejor síntoma de que me siento satisfecha. Me he encontrado haciéndole tantas fotos… que creo que me resistía a empaquetarla y enviarla a su destino. ¡Ya está de camino! Hacia Alaquas, un pueblo de Valencia con una Iglesia maravillosa (explico aquí) donde lucirán los dos manteles para un altar, en los que he trabajado.

Siento que el texto no esté justificado, pero hoy el Señor Bloguer no me deja. 
Feliz semana
 María Calzada



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