jueves, 25 de agosto de 2016

Varias labores, bolsos, mochilas...

Esta entrada va a ser un poco larga, pues aprovecho para poner unas cuantas labores que ya llevan hechas un tiempo.
Me tendré que poner las pilas para que esta pereza me abandone, de lo contrario, los trabajos de Viges se quedan sin publicar y los míos son inexistentes.
Esta cartera esta hecha con tela de hilo y un bordado calado en la solapa.
 En el interior, tela de algodón de las que compró en Burdeos. 
El asa para llevar colgada es una cadena metálica.
Este bolso elaborado con distintas telas y una letra bordada. Encargo de una sobrina y hecho en mayor parte por Viges.
Y Reciclando vaqueros para esta mochila sencilla pero prática, para las chicas jovencitas. Una tela de cretona estampada, para darle un poco de color y alegria.
Unas letras para un juego de sábanas.
 El modelo de letras son de Brodelyne.
Otra mochila para una buena causa. tambien reciclando vaqueros y tela estampada de lino.
Unas zapatillas más a gachillo de las que Viges ya tiene esperiencia, esta vez con cordones.

miércoles, 6 de julio de 2016

Neceser y Cojín

En cuestión de labores creo que últimamente soy la que menos estoy aportando a este blog pero, de vez en cuando, hago el esfuerzo de hacer alguna cosa, para no perder la costumbre, y también vaciar un poco de material del cuarto de costura. Me temo que por mucho interés, que en ocasiones, muestra mi nieta, no voy a tener quien haga uso de todo esto. Cuando veo todo el material que tengo, creo que ni en veinte vidas, terminaré con ello.
Este neceser, también sirve de joyero con los bolsillos con cremallera de los laterales.
Esta hecho con telas de algodón y lino y creo que en este trabajo, acertar en  la elección y combinación de telas es cuando se consigue el mayor lucimiento. No será el último que haga utilizando esta misma tela estampada que me parece espectacular.
El cojín está bordado en tela de lino, con un dibujo y digitalizado por mí. En su momento lo hice para hacer unas cortinas, pero el motivo da el suficiente juego como para emplearlo en muchas más cosas.
Estas dos cosas se han ido a manos de dos de mis sobrinas que espero que lo disfruten.
Ah...!!! el collar que adorna las fotos también está hecho por mí. Son perlas de río con cristales de Swarovski, y  un botón antiguo, de los que se utilizaban para los abrigos. El Botón me lo regalo la dueña de  Antigua Casa Capó,

María Calzada.

Una de 2 - Mantas Patchwok

Un año más Agustina ha cumplido con el trabajo que se llevó preparado durante el verano, para entretenerse en los días de invierno.
Son dos mantas con medidas para camas individuales, una es ésta, y queda la otra que ya será para el año que viene.
Es un trabajo de dimensiones grandes y lo va haciendo en los ratos que puede.
Me encanta que despues de coser toda la vida, por diferentes razones,  poco a poco se haya metido en este mundo del Patchwork, y sienta sensaciones nuevas, cosiendo para divertirse. 


jueves, 28 de abril de 2016

Cartera Bordada, Bolso Vaquero, Zapatillas Tejidas

Aunque este espacio lo tenemos un poco abandonado, de vez en cuando seguimos haciendo alguna labor. Viges está mucho más activa que yo y eso lo demuestran las últimas entradas.
En esta vereis tres trabajos que, algunos son para ella pero esta cartera Calada sobre tela de hilo, se fue  lejos, hasta Canarias.
Y este bolso en gran parte hecho, reciclando pantalones vaqueros y una loneta de color crudo adornada con puntos de la maquina automática.
Y para terminar, estas zapatillas, tejidas con algodón y una suela reciclada de unas bailarinas que ya tuvieron su vida pero,  como la suela está en buenas condiciones se ha aprovechado.
 



lunes, 7 de marzo de 2016

Cortinas Caladas

Pinchar en las imagenes para ver en detalle
Detrás de cada persona hay una historia. Y en esta entrada voy a hacer un pequeño homenaje, repasando ligeramente, la de una mujer que ha vivido el bordado calado,  desde la niñez, formando parte como la mayoría de las mujeres canarias, de un oficio convertido en la expresión máxima de la cultura de las islas.
Especial reconocimiento a Quiteria, y recuerdo, a la isla de Fuerteventura y lugar donde se desarrolló su niñez y las primeras experiencias de vida.

Quiteria Picón Hernández, se crio en una de las islas más bonitas del archipiélago canario, Fuerteventura, y posiblemente una de las más duras para sobrevivir, en un tiempo donde el turismo todavía no había hecho acto de presencia.
Su padre, un joven que después de pasar por la guerra, tuvo que seguir haciendo la  mili, pidió destino en ese rincón del mundo, pensando que sus ideas políticas estarían más a salvo que en cualquier otro punto de  España.
La Casa de la Marquesa
Y allí al norte de la isla, en el municipio de la Oliva, en la misma casa de la Marquesa o los Coroneles, ocupada en ese momento por los militares, Diego Picón,  cumplió el servicio militar. Tiempo suficiente para conocer a Carmen Hernández, la joven majorera con la que formó una familia.
Los padres de Carmen, Francisco Hernández y María Suarez, vivían, en las casas de la Rosa, ubicada entre la Casa de la marquesa y a la vera de la  montaña, el Frontón, como medianeros en las tierras, de la Marquesa de la Quinta Roja, la última que ocupó la mansión hasta pasar a manos estatales.  Ellos forman parte de la historia viva de esta casa, convertida hoy en patrimonio nacional.

al fondo, "la Casa Rosa"
Dicen que Fuerteventura fue una isla de señorío y seguramente al albur de este, los lugareños obtuvieron trabajo en sus tierras, donde la principal actividad era el cultivo de cereales; cebada, trigo, centeno, además de legumbres y algunos árboles frutales, lo que permitía el consumo interno  y cuando las cosechas eran más proliferas en tiempos de lluvia, también la exportación. No era fácil sobrevivir en una isla donde la precariedad de las lluvias era constate, por lo que las técnicas agrarias y riego, eran peculiares para sobrevivir a las sequias.
El Rincon de la Cochina
En este entorno rural y de trabajo,  Quiteria Picón Hernández vivió toda su niñez y parte de juventud, junto a sus padres y hermanos, a la sombra de la casa de la Marquesa, en las humildes casas, del “Rincón de la Cochina” como lo llamaban ellos. Y como la mayoría de las jóvenes a muy temprana edad, empezó a interesarse por el bordado calado.
El calado Majorero es muy bien mirado, en unas islas donde ésta artesanía era en tiempos, complemento económico en todas las familias, donde hubiera mujeres suficientes, para cumplir con todas las tareas de la casa y en el tiempo libre que les quedaba, lo dedicaban  al bordado. Se realizaba en el ámbito familiar para las tiendas o negocios encargados para su distribución.
Pequeños y grandes telares eran la estampa de las mujeres calando a la puerta, un recuerdo imborrable de Quiteria, que desde muy pequeña quería emular. Y así entre juegos y faenas caseras, siempre quedaba un momento para intentar hacer lo que veía a sus mayores, sobre todo a su tía Regina, una mujer, entonces, joven que atraía a las niñas hacia este oficio convertido en arte con manos laboriosas y expertas.
Quiteria Picón Hernandez
Las mujeres ya curtidas en el oficio de calar se ocupaban de pasar esa sabiduría a las más jóvenes, dispuestas siempre a recoger el testigo para seguir ayudando a la economía familiar.
Lo que seguramente entonces no sabían, es que además estaban contribuyendo a darle categoría de artesanía a un oficio, que el tiempo ha sabido valorar como se merece, a pesar de que ya, no cumpla de manera general, de complemento económico.
Hoy se vuelve a calar con el primor y exigencia que uno mismo se impone porque la mayoría de los bordados, a diferencia de entonces, se quedan en casa. Se borda por placer y como en todas las cosas, se mejora y sigue habiendo mujeres, que han dedicado tiempo a recuperar modelos de calados antiguos, para ponerlos en valor y que no se olviden.
 Quiteria Picón, cala como los ángeles, la  destreza con la que borda  es el resultado de muchos años sin dejar de calar, porque lleva en la sangre la necesidad y costumbre de algo que forma parte de su vida. Su interés por aprender fue desde muy pequeña. No siempre su tía Regina, podía prestarle la atención que ella quería, y cuando no era así, ella misma se aventuraba, con retales de tela que encontraba, a haciendo su propio bastidor, pequeñito, con la parte dura de las hojas de las palmeras. Era un juego para ella.
Viges, hace años, cuando aprendia a calar.
El resultado de sus calados no son de tres cursos… son de toda una vida, y ello se nota en la soltura y rapidez que tiene. Lo difícil hecho por ella, parece fácil.Hoy Quiteria es una mujer jubilada que sigue sin perder la costumbre de calar y estos dos meses de vacaciones, que ha pasado en casa de Viges, ninguna de las dos han perdido la ocasión de bordar. Creo que en alguna de las primeras entradas de este blog, ya explicaba que Viges aprendió de ella este oficio, cuando cada año, pasaba días de vacaciones en la isla.
Y estos dos últimos meses, aprovechando el buen hacer de esta caladora, Viges marcó unas cortinas, que para Quiteria, ha sido como coser y cantar, (nunca mejor dicho) y el resultado es el que se ve…un trabajo impecable, difícil de superar.

Enhorabuena, Quiteria, gracias por enseñarnos y seguir contribuyendo a conservar esta bella artesanía.
MARÍA CALZADA



 Tambien bordaron este mantelito.


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