domingo, 30 de septiembre de 2007

A mi amiga Marisa




A MI AMIGA MARISA que sé, nos visita de vez en cuando.


Estos días ando liada restaurando una cómoda (vieja, no antigua) y vienen a mi memoria recuerdos de un curso de restauración que hice junto a mi amiga Marisa. Yo hacía mis pinitos en estos menesteres como dios me daba a entender y ella me animo a que siguiéramos el curso. La verdad que nos fue bien En aquel tiempo andábamos las dos (ella más que yo) buscando antigüedades o muebles viejos, pues para antiguos no nos daba el presupuesto. Nos lo pasábamos bien, no solamente en el curso también en otros muchos momentos.
Hace unos diez años las dos vivíamos en una de las islas pequeñas de las Baleares, y gozábamos de mucha tranquilidad, circunstancia esta, que al principio no llevábamos bien, sobre todo cuando vienes de una ciudad más grande. Yo me acostumbre más o menos pronto, entre otras cosas porque yo no era la primera vez que me movía de lugar para vivir un tiempo largo, y esto supongo me facilito el echar raíces.
A Marisa le van las ciudades grandes, el bullicio, las compras en grandes tiendas y almacenes, y estar entre la familia el mayor tiempo posibles. Es de las que huelen el humo de un autobús y se va detrás de él. Con estos antecedentes, las visitas a la ciudad Condal durante el año tenían y tienen que ser asiduas, una forma de cargar pilas para seguir con buen ánimo. Ella sigue viviendo en la isla pequeña, y yo me encuentro en Palma. Esto no es Barcelona pero suficiente para que me maree el bullicio los grandes almacenes y los atascos de tráfico. Somos diferentes en muchas cosas, pero siempre nos hemos llevado bien, sobre todo porque es buenísima persona, tanto que en ocasiones peca de inocente, (no hace mucho me dijo que había madurado, reímos…) pero divertida, con un sentido del humor a veces sin límites. A pesar de conocerla como la conozco ¡Me las ha hecho de todas maneras y formas! Lo que demuestra que la inocente soy yo.
Cuando las dos andábamos con un par de niños colgados de la falda, en muchos momentos agobiadas, pues no teníamos familia al lado, esperábamos el fin de semana con anhelo para que nuestros maridos pudieran estar con ellos, aunque fuera un momento. Esto Marisa no lo conseguía siempre, nos partíamos de risa ver como su marido, no hacía vida de ellos. En uno de estos momentos de agobio de niños, principio de primavera, y seguramente hacía tiempo que no se paseaba por Barcelona, (bajón total) se presento en mi casa de improviso. Cuando la vi llegar sin niños… riendo le pregunte, que hacia sin ellos. - Mira Mari; no puedo más, se los he dejado a Tito y me da igual si piden por mí, tú y yo nos vamos al centro de jardinería a comprar plantas, que empieza la primavera y hay que poner los jardines guapos. Allá que nos fuimos, no sin antes ponerle unos cuantos impedimentos en contra, como que el centro de jardinería estaba a unos treinta kilómetros (esto en una isla pequeña es mucho para recorrer) y que su marido no tardaría en llamar, arañado por los niños.
Llegamos al centro de jardinería… Marisa tenía otra cara, estas pequeñas cosas le aliviaban el ánimo, pero en el fondo estaba inquieta y yo era la persona más cercana para pagar el pato con una de sus bromas, imprevista incluso para ella. Era una de las formas que tenía de relajar los nervios. Cuando llevábamos un ratito recorriendo pasillos, nos topamos con un empleado que no tendría ni dieciocho años, y mi amiga lo cogió por banda con su habitual verborrea sobre plantas y jardines, así en compañía seguimos recorriendo pasillos. Yo tenía la impresión de que no existía, en todo caso era una sombra. En un momento dado yo abrí la boca para hacer un comentario sobre una planta, pero el comentario era casi más para mí, que para ellos, pues estaba casi segura que no me escuchaban, ¡pero sí! Mi amiga paró en seco sus explicaciones al joven, me miro, y se puso a reír a carcajada, (risa rara me dije…) paró me miro, miro al chico y le dijo: No nos hagas mucho caso, acabamos de salir del manicomio y el médico nos ha mandado como terapia comprar flores-. Si me pinchan no me sacan sangre! El chico dirigió la mirada de ella hacia mí y de mí hacia ella, yo hice lo mismo y en una de estas miradas que me dirigió le dije: no le hagas caso está de broma-. El chico sin duda abrumado por la situación me contesto: No, no, si a mí me da igual. ¡Se lo había creído!
Me di media vuelta y enfile la puerta de salida hacia el coche, ¡lástima! Habíamos ido en su coche, de lo contrario la dejo allí por un rato. No tardo en venir detrás de mí, y desde la puerta misma, levantando la voz me dice.- Mari no te habrás enfadado? Le dije… No… No te he estrangulado, porque entonces sí, que iban a pensar que estamos locas.
A Marisa le duro la risa buena parte del camino de regreso, Yo tarde en reaccionar.

Después nos hemos reído muchas veces con esta historia, y otras muchas. Éramos jóvenes, yo andaba por los tai tantos ella unos cuantos menos. Sí, Marisa, hemos madurado. Ahora las locuras desatadas para nuestros hijos.
Echo de menos la isla y los amigos…Te quiero Mariseta! Y me debes una. ¡Ah! No se me ha olvidado que tengo que hacer algo para ti. Un poco de paciencia. Nunca es tarde si la dicha es buena.
Besotes. MARI

3 comentarios:

  1. Son importantes los amigos y las anécdotas vividas con ellos a veces son únicas.Me imagino al pobre chaval comentando el hecho en el bar, con sus amigos, por la tarde:
    No veas, noi, hoy me han "asaltao" un par de "abuelas" que estaban como una chota...
    Pero que os quiten lo bailao.

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  2. Son importantes los amigos y las anécdotas vividas con ellos a veces son únicas.Me imagino al pobre chaval comentando el hecho en el bar, con sus amigos, por la tarde:
    No veas, noi, hoy me han "asaltao" un par de "abuelas" que estaban como una chota...
    Pero que os quiten lo bailao.

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  3. Ay!! Manuel, en aquel tiempo eramos unas jovencítas de apenas treinta años, nos comíamos el mundo!!

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GRACIAS POR LA VISITA Y LOS COMENTARIOS.

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