lunes, 24 de junio de 2013

En 1984 Una fiesta de San Joan.

Cuando los años no nos pesaban tanto y nos comíamos el mundo  por la fuerza e impulso  que nos movíamos  y  acabábamos de llegar a Menorca de diversas ciudades procurándonos eso que se llama porvenir, decidimos un grupo de amigos, disfrutar de las fiestas de Ciudadela. San Joan estaba a la vuelta de la esquina invitándonos  a pasar un día de jaleo,  y no solo en el sentido que se entiende en estas fiestas.
Cuando llegas a Menorca por primera vez, la isla se te queda pequeña, las diversiones no son muchas y tienes que aprender a vivir en ella sacándole el jugo a lo poco, pero bueno que tiene. Los veranos eran pasables, los inviernos,  hibernabas como las tortugas que habitan en la isla de forma abundante. De manera que las fiestas locales y las de San Juan en concreto, abren la veda del resto de fiestas de los pueblos Menorquines.
Tres matrimonios y Lali que se encuentra sola porque, su marido en esos momentos está trabajando fuera, deciden disfrutar de ese día de fiesta  alentados por el hecho de que una de las parejas, era de la isla, además  con familiares o amigos en Ciudadela y esto iba a propiciar vivir la fiesta desde dentro. Pues todas  las fiestas locales, los lugareños las viven con una intensidad y afecto  distinto de cómo las puede vivir un forastero.  Y  nosotros, excepto una de las parejas éramos “forastés “.
 Íbamos a tener la oportunidad  de vivir San Juan a todo trapo. Visitaríamos diferentes casas de familias que como era costumbre abrían las puertas de las casas con mesa puesta para comer y beber los productos típicos  de la isla, no solo a familiares y amigos, si no, a todos los que a éstos acompañaran.
Cuando llegamos a Ciudadela aparcamos los coches fuera de la ciudad puesto que toda ella es una fiesta, no es muy grande y esos días lógicamente no circulan por ninguna calle.
Entramos en la ciudad ya caminando, enfilando la calle principal para recorrerla hasta llegar a la plaza principal y ahí la fiesta ya se hacía sentir esperando que los caballos dieran su vuelta. Mientras, la gente calienta motores, haciendo honores al  Gin  Xoriguer, con limonada, lo que se conoce por pomada.  Cuando se dice Gin Xoriguer con limonada es decir poco, la limonada es más bien escasa y el Gin Xoriguer no es un Gin cualquiera, es primo hermano del Aguardiente o la Cazalla. Buena parte de nuestro grupito iba dispuesto a meterse en fiesta y hacer los honores a la famosa pomada. Y para ello no se pasa ninguna pena, todas las calles están llenas de chiringuitos con un minúsculo mostrador, donde sólo se dispensa “Pomada”.  Como la buena costumbre indica hay que hacer parada en todos los chiringuitos que veas… Así nos lo hizo saber el más juerguista del grupo y además todos debíamos de pedir y beber pomada… Mi  amiga Lali, cuando escuchó este discursito se acerca a mí y al oído me dice; 
-Uf, pues yo,  si en una fiesta bebo dos copas de champan, me da por llorar porque me acuerdo de mi abuelo muerto.
-No te preocupes, haces como que bebes y lo tiras…
-Bueno de todas formas, habrá que beber algo, hay que meterse en la fiesta y pasarlo bien.
-Tú misma, ten cuidado, yo no tengo intención de beber y pienso  pasármelo bien.
Empezamos el recorrido, entre pomada y pomada nos acribillaban tirándonos puñados de avellanas que, ya debía hacer tiempo que habían empezado a tirar porque el suelo era una parva de ellas y lógicamente caímos en la ignorancia del forasté. Uno de ellos exclamó;  ¡Coño con lo caras que son! Los menorquines rieron con ganas… -¡Puedes coger todas las que quieras, están vacías!
Caminábamos por la calle de la forma que suele pasar cuando se va en grupo, y hay tanto barullo, unos cuantos delante, entre los que se encontraba Lali y otros cuantos detrás, íbamos tranquilamente sorteando a la gente y habiendo hecho tres o cuatro paradas en los chiringuitos.  En un momento, veo como una de las chicas que iba en el grupo de delante, se dirige hacia mí que iba en el grupo de atrás y me dice; - Oye, que Lali está llorando porque dice que se acuerda de su abuelo muerto…
A lo que uno de los del grupo dice; -¡No me jodas que se ha muerto su abuelo y se ha venido a la fiesta!
Le digo; Tranquilo, su abuelo hace veinte años que se murió, solo tiene que dejar de beber pomadas y se le pasará.
¡La fiesta empezaba bien! 
                                        María Calzada

1 comentario:

  1. Ya sabes que me encanta los relatos que haces. Más amenos no pueden ser.
    Estoy a la pata coja y no he tenido ganas de ver nada.
    Un beso a vosotras y vuestros Juán.

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GRACIAS POR LA VISITA Y LOS COMENTARIOS.

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